lunes, 10 de octubre de 2005
Un trabajo limpio
La aparición de nuevas ediciones de obras de Dashiell Hammett permite acercarse al creador de la novela negra y padre de Spade, el detective privado por antonomasia
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA/
La literatura de Dashiell Hammett es un lugar en el que alguien está a punto de meterse en un buen lío. Nada más llegar a la pequeña ciudad minera de Personville (a la que todos llaman 'Poisonville': 'ciudad tóxica'), el detective protagonista de 'Cosecha roja' descubre que acaban de asesinar a su cliente. Unos minutos después, bebe junto a un líder sindical que le explica quiénes son los rufianes que gobiernan el pueblo: individuos de nombres tan tranquilizadores como 'Pete el Finlandés'. Al salir del bar le señalan a un tipo al que apodan 'El Susurro'. Es pequeño y moreno, sus facciones son «agraciadas y tan regulares que parecen troqueladas». El sabueso hace un comentario: «Es un chico lindo». «Puede», le responde su acompañante, «también lo es la dinamita». La literatura de Dashiell Hammett es además un lugar en el que alguien está a punto de recibir una contestación que va a sonar como un portazo.
Ese universo literario repleto de peleas, matones y rubias aficionadas al fatalismo gira en torno a un personaje que ha devenido en arquetipo: el detective privado. Y no hablamos del investigador analítico y refinado a la manera de Poirot o Dupin, sino de un profesional no demasiado brillante cuyos recursos oscilan entre el sarcasmo, la fullería y la violencia. Hablamos de Sam Spade: un tipo duro, en fin, que le buscaría el gatillo a la lupa de Sherlock Holmes.
El último héroe
Dashiell Hammett creó a Spade en 1930. El detective de rostro satánico era el protagonista de 'El halcón maltés', su tercera novela. Once años más tarde John Huston llevaba el libro al cine y elegía a Humphrey Bogart para encarnar al investigador. En ese momento nacía el fundador de una de las escasísimas cofradías de héroes que podemos reconocer como originales del siglo XX. Spade es el detective privado por antonomasia: un caballero andante que fuma tabaco de liar, aparenta no creer en nada y encadena frases llenas de cinismo. Se trata del héroe perfecto para una época en la que no queda lugar para los héroes, un tiempo que, en palabras de Raymond Chandler, es «un manicomio que ha construido la maquinaria necesaria para su propia destrucción».
Además de 'El halcón maltés', Spade protagonizó tres relatos cortos que aparecieron en revistas durante 1932. Uno de ellos, 'Sólo te ahorcan una vez', presta su título a un volumen publicado estos días por Seix Barral que agrupa diecinueve relatos de Hammett. En cada uno de ellos el aficionado al género negro encontrará buenas dosis de efectividad y clasicismo y también una cantidad difícilmente calculable de nicotina (los personajes de Hammett tardan aproximadamente dos páginas en fumarse un cigarrillo). Por desgracia el libro no incluye ninguna nota que aclare la procedencia de los textos. Para el lector habría sido interesante conocer, por ejemplo, que 'Disparos en la noche' es la séptima de las treinta y seis historias protagonizadas por el innominado y algo obeso 'Agente de la Continental', el otro gran personaje de Hammett, y que fue publicado en la legendaria revista 'Black Mask' en 1924, cinco años antes de que el escritor conociese el éxito con sus dos primeras novelas. O que 'El guardián de su hermano', un relato de 1934, es prácticamente el penúltimo texto original que el autor publicó en su vida.
'Sólo te ahorcan una vez' incluye las otras dos narraciones breves protagonizadas por Samuel Spade: 'Un hombre llamado Spade' y 'Demasiados han vivido'. La segunda constituye un magnífico ejemplo de perspectiva 'noir': un cuento de gran reserva. Hay en él un momento en el que Spade se dispone a salir de su despacho. Su secretaria, la célebre Effie Perine, le acaba de informar de que el hombre que busca se aloja en el hotel Buxton. «Si no he vuelto en un par de meses», se despide el investigador mientras coge su sombrero, «diles que busquen mi cadáver en el hotel».
Detectives sofisticados
Dentro de su colección 'Únicos', Seix Barral pone también en las librerías otro pequeño volumen que hará las delicias de los seguidores de la literatura policíaca. Se trata de 'El primer hombre delgado', la primera edición en español de un manuscrito extraviado que años después se transformaría en 'El hombre delgado'. El texto fue escrito en 1930 y permaneció inédito hasta 1975. Al parecer, Hammett se deshizo del borrador y sólo recuperó la idea central (la desaparición de un artista algo extravagante) para componer el que sería su último libro. El resto varía considerablemente. La novela original está protagonizada por John Guild, un oscuro investigador que trabaja para un banco de San Francisco. Los protagonistas de 'El hombre delgado' son un matrimonio de sofisticados detectives diletantes: Nick y Nora Charles. Por otro lado, el manuscrito inicial es puro Hammett (pesquisas callejeras, violencia contenida y diálogos cortantes), mientras que el texto de 1934 (escrito en dos semanas para conseguir dinero) nos acerca a los salones de la alta sociedad y a unos personajes chispeantes y despreocupados. Al comienzo del libro sabemos que el jovial Nick Charles ha pasado las vacaciones navideñas envuelto en una persistente neblina de naturaleza alcohólica. Como señala Justo Navarro en su epílogo a 'El primer hombre delgado', sólo hay una frase que aparece exactamente igual en ambas versiones: «El incesto existe, por eso tiene nombre».
'El hombre delgado' apareció en 1934 y pronto propició una irregular serie de películas protagonizadas por William Powell y Myrna Loy. En la portada del libro aparecía una foto de Hammett con traje, sombrero y bastón. Por aquella época medía cerca de un metro ochenta y cinco y pesaba cincuenta y seis kilos. El secreto de su dieta, no hay duda, era el alcohol. Cuando conoció a la dramaturga Lillian Helmann, que sería su compañera durante tres décadas, Hammett iba acompañado por una borrachera de cinco días. Después de 'El hombre delgado' no volvió a publicar una línea.
Escribió toda su obra en poco más de diez años y permaneció cerca de treinta en silencio. No necesitó más tiempo para fijar el canon de la novela negra, para acuñar algunos de sus motivos clásicos (algunos casi anecdóticos: como el del detective con la cartera llena de acreditaciones falsas), y para que muchos (entre ellos André Gide, que lo equiparaba a Faulkner) le consideren uno de los mejores prosistas estadounidenses. Sus propios personajes estarían orgullosos: el suyo fue un trabajo limpio y rápido.
www.elcomerciodigital.com
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA/
La literatura de Dashiell Hammett es un lugar en el que alguien está a punto de meterse en un buen lío. Nada más llegar a la pequeña ciudad minera de Personville (a la que todos llaman 'Poisonville': 'ciudad tóxica'), el detective protagonista de 'Cosecha roja' descubre que acaban de asesinar a su cliente. Unos minutos después, bebe junto a un líder sindical que le explica quiénes son los rufianes que gobiernan el pueblo: individuos de nombres tan tranquilizadores como 'Pete el Finlandés'. Al salir del bar le señalan a un tipo al que apodan 'El Susurro'. Es pequeño y moreno, sus facciones son «agraciadas y tan regulares que parecen troqueladas». El sabueso hace un comentario: «Es un chico lindo». «Puede», le responde su acompañante, «también lo es la dinamita». La literatura de Dashiell Hammett es además un lugar en el que alguien está a punto de recibir una contestación que va a sonar como un portazo.
Ese universo literario repleto de peleas, matones y rubias aficionadas al fatalismo gira en torno a un personaje que ha devenido en arquetipo: el detective privado. Y no hablamos del investigador analítico y refinado a la manera de Poirot o Dupin, sino de un profesional no demasiado brillante cuyos recursos oscilan entre el sarcasmo, la fullería y la violencia. Hablamos de Sam Spade: un tipo duro, en fin, que le buscaría el gatillo a la lupa de Sherlock Holmes.
El último héroe
Dashiell Hammett creó a Spade en 1930. El detective de rostro satánico era el protagonista de 'El halcón maltés', su tercera novela. Once años más tarde John Huston llevaba el libro al cine y elegía a Humphrey Bogart para encarnar al investigador. En ese momento nacía el fundador de una de las escasísimas cofradías de héroes que podemos reconocer como originales del siglo XX. Spade es el detective privado por antonomasia: un caballero andante que fuma tabaco de liar, aparenta no creer en nada y encadena frases llenas de cinismo. Se trata del héroe perfecto para una época en la que no queda lugar para los héroes, un tiempo que, en palabras de Raymond Chandler, es «un manicomio que ha construido la maquinaria necesaria para su propia destrucción».
Además de 'El halcón maltés', Spade protagonizó tres relatos cortos que aparecieron en revistas durante 1932. Uno de ellos, 'Sólo te ahorcan una vez', presta su título a un volumen publicado estos días por Seix Barral que agrupa diecinueve relatos de Hammett. En cada uno de ellos el aficionado al género negro encontrará buenas dosis de efectividad y clasicismo y también una cantidad difícilmente calculable de nicotina (los personajes de Hammett tardan aproximadamente dos páginas en fumarse un cigarrillo). Por desgracia el libro no incluye ninguna nota que aclare la procedencia de los textos. Para el lector habría sido interesante conocer, por ejemplo, que 'Disparos en la noche' es la séptima de las treinta y seis historias protagonizadas por el innominado y algo obeso 'Agente de la Continental', el otro gran personaje de Hammett, y que fue publicado en la legendaria revista 'Black Mask' en 1924, cinco años antes de que el escritor conociese el éxito con sus dos primeras novelas. O que 'El guardián de su hermano', un relato de 1934, es prácticamente el penúltimo texto original que el autor publicó en su vida.
'Sólo te ahorcan una vez' incluye las otras dos narraciones breves protagonizadas por Samuel Spade: 'Un hombre llamado Spade' y 'Demasiados han vivido'. La segunda constituye un magnífico ejemplo de perspectiva 'noir': un cuento de gran reserva. Hay en él un momento en el que Spade se dispone a salir de su despacho. Su secretaria, la célebre Effie Perine, le acaba de informar de que el hombre que busca se aloja en el hotel Buxton. «Si no he vuelto en un par de meses», se despide el investigador mientras coge su sombrero, «diles que busquen mi cadáver en el hotel».
Detectives sofisticados
Dentro de su colección 'Únicos', Seix Barral pone también en las librerías otro pequeño volumen que hará las delicias de los seguidores de la literatura policíaca. Se trata de 'El primer hombre delgado', la primera edición en español de un manuscrito extraviado que años después se transformaría en 'El hombre delgado'. El texto fue escrito en 1930 y permaneció inédito hasta 1975. Al parecer, Hammett se deshizo del borrador y sólo recuperó la idea central (la desaparición de un artista algo extravagante) para componer el que sería su último libro. El resto varía considerablemente. La novela original está protagonizada por John Guild, un oscuro investigador que trabaja para un banco de San Francisco. Los protagonistas de 'El hombre delgado' son un matrimonio de sofisticados detectives diletantes: Nick y Nora Charles. Por otro lado, el manuscrito inicial es puro Hammett (pesquisas callejeras, violencia contenida y diálogos cortantes), mientras que el texto de 1934 (escrito en dos semanas para conseguir dinero) nos acerca a los salones de la alta sociedad y a unos personajes chispeantes y despreocupados. Al comienzo del libro sabemos que el jovial Nick Charles ha pasado las vacaciones navideñas envuelto en una persistente neblina de naturaleza alcohólica. Como señala Justo Navarro en su epílogo a 'El primer hombre delgado', sólo hay una frase que aparece exactamente igual en ambas versiones: «El incesto existe, por eso tiene nombre».
'El hombre delgado' apareció en 1934 y pronto propició una irregular serie de películas protagonizadas por William Powell y Myrna Loy. En la portada del libro aparecía una foto de Hammett con traje, sombrero y bastón. Por aquella época medía cerca de un metro ochenta y cinco y pesaba cincuenta y seis kilos. El secreto de su dieta, no hay duda, era el alcohol. Cuando conoció a la dramaturga Lillian Helmann, que sería su compañera durante tres décadas, Hammett iba acompañado por una borrachera de cinco días. Después de 'El hombre delgado' no volvió a publicar una línea.
Escribió toda su obra en poco más de diez años y permaneció cerca de treinta en silencio. No necesitó más tiempo para fijar el canon de la novela negra, para acuñar algunos de sus motivos clásicos (algunos casi anecdóticos: como el del detective con la cartera llena de acreditaciones falsas), y para que muchos (entre ellos André Gide, que lo equiparaba a Faulkner) le consideren uno de los mejores prosistas estadounidenses. Sus propios personajes estarían orgullosos: el suyo fue un trabajo limpio y rápido.
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