sábado, 22 de octubre de 2005
Un héroe llamado Mandrake
TELEVISION / HBO estrena la próxima semana la miniserie brasileña
Marcos Palmeira es quien da vida al excéntrico investigador
SIMON VILLAMIZAR
EL UNIVERSAL
Primero pusieron sus ojos en Argentina y el resultado no pudo ser más satisfactorio: millones de personas temblaron literalmente con la historia de un asesino en serie que con Epitafios prevenía a la policía acerca de la identidad de su siguiente víctima.
Ahora es el turno de Brasil. A principios de año todo el equipo creativo de HBO se trasladó a la ciudad de Río de Janeiro para recrear en formato de miniserie las historias detectivescas creadas por el reconocido escritor Rubem Fonseca.
El resultado es Mandrake, ocho capítulos de impecable factura _todos rodados en formato de cine_ escritos por un equipo de veteranos formado por José Henrique Fonseca, Tony Bellotto y Felipe Braga; y dirigidos por José Antonio Fonseca, Arthur Fontes, Toni Vanzollini, Carolina Jabor, Lula Buarque de Hollanda y Claudio Torres; que comenzarán a ser transmitidos la última semana de octubre a través de la señal de HBO Ole.
Es Marcos Palmeira _actor de un puñado de telenovelas brasileñas que ha dado la vuelta al mundo como Vale Todo, Mandala, Pantanal, Renacer, Torre de Babel y Las memorias de María Moura_ quien da vida a Mandrake, el abogado criminalista, oriundo de Río de Janeiro, que a pulso se ha labrado una impresionante reputación resolviendo casos de chantaje y extorsión política.
Aunque no precisamente casos comunes y corrientes. Todos los que llegan a su oficina suelen tener al menos tres denominadores comunes: sus clientes pertenecen a la alta sociedad carioca (banqueros, políticos de alto renombre, empresarios e incluso personalidades del showbusiness); sus casos suelen involucrar irremediablemente a chantajistas, corruptos y oportunistas; y nada, ni siquiera el mínimo detalle de la investigación, debe trascender a la opinión pública.
De allí que Mandrake sea un trabajador independiente. Totalmente ajeno a las fuerzas policiales cariocas, regenta una discreta pero respetada oficina en un rincón de Copacabana que comparte con Wexler, el ex socio de su padre, septuagenario cascarrabia y regañón que no tolera los métodos para nada "convencionales" del joven detective.
Y es que Mandrake, como la mayoría de los detectives del llamado género negro, ha inventado sus propias reglas: si bien se mueve con soltura en el mundo de los adinerados, igual conoce mil artimañas para sumergirse en los submundos cariocas habitados por drogadictos, mafiosos, mendigos y prostitutas.
Un submundo que, dirá el propio Mandrake en uno de los episodios, puede llegar a ser más genuino que el otro. Y agregaría el escritor Rubem Fonseca en sus entrevistas: "El es un gran desencantado de la vida, un pesimista sin remedio, un ciudadano que, pese despreciar el poder de los poderosos, se ha acostumbrado a trabajar para ellos.
Desde su punto de vista, los golpes dados por prostitutas, traficantes de poca monta y detectives de quinta categoría no son peores que aquellos ejecutados cotidianamente por los banqueros, los políticos y los hombres de negocio. Esto no significa, sin embargo, que Mandrake deje de cumplir con sus obligaciones. El cobra caro por ello, resolviendo las situaciones con discreción, sin involucrar a la policía y sin usar la violencia... aunque no lo crean sólo utiliza su inteligencia y oratoria".
Pero no estará solo. A Mandrake lo acompañan en su periplo por la urbe carioca dos mujeres. La primera lleva el nombre de Berta Bronstein (María Luisa Mendonca), una mujer madura y sofisticada, fanática del yoga, ágil jugadora de ajedrez, que a decir verdad es el gran amor del detective. Y Bebel (Erika Mader), una chica de escasos 18 años, de belleza ligeramente infantil, que le hará la vida imposible.
www.eluniversal.com
Marcos Palmeira es quien da vida al excéntrico investigador
SIMON VILLAMIZAR
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Primero pusieron sus ojos en Argentina y el resultado no pudo ser más satisfactorio: millones de personas temblaron literalmente con la historia de un asesino en serie que con Epitafios prevenía a la policía acerca de la identidad de su siguiente víctima.
Ahora es el turno de Brasil. A principios de año todo el equipo creativo de HBO se trasladó a la ciudad de Río de Janeiro para recrear en formato de miniserie las historias detectivescas creadas por el reconocido escritor Rubem Fonseca.
El resultado es Mandrake, ocho capítulos de impecable factura _todos rodados en formato de cine_ escritos por un equipo de veteranos formado por José Henrique Fonseca, Tony Bellotto y Felipe Braga; y dirigidos por José Antonio Fonseca, Arthur Fontes, Toni Vanzollini, Carolina Jabor, Lula Buarque de Hollanda y Claudio Torres; que comenzarán a ser transmitidos la última semana de octubre a través de la señal de HBO Ole.
Es Marcos Palmeira _actor de un puñado de telenovelas brasileñas que ha dado la vuelta al mundo como Vale Todo, Mandala, Pantanal, Renacer, Torre de Babel y Las memorias de María Moura_ quien da vida a Mandrake, el abogado criminalista, oriundo de Río de Janeiro, que a pulso se ha labrado una impresionante reputación resolviendo casos de chantaje y extorsión política.
Aunque no precisamente casos comunes y corrientes. Todos los que llegan a su oficina suelen tener al menos tres denominadores comunes: sus clientes pertenecen a la alta sociedad carioca (banqueros, políticos de alto renombre, empresarios e incluso personalidades del showbusiness); sus casos suelen involucrar irremediablemente a chantajistas, corruptos y oportunistas; y nada, ni siquiera el mínimo detalle de la investigación, debe trascender a la opinión pública.
De allí que Mandrake sea un trabajador independiente. Totalmente ajeno a las fuerzas policiales cariocas, regenta una discreta pero respetada oficina en un rincón de Copacabana que comparte con Wexler, el ex socio de su padre, septuagenario cascarrabia y regañón que no tolera los métodos para nada "convencionales" del joven detective.
Y es que Mandrake, como la mayoría de los detectives del llamado género negro, ha inventado sus propias reglas: si bien se mueve con soltura en el mundo de los adinerados, igual conoce mil artimañas para sumergirse en los submundos cariocas habitados por drogadictos, mafiosos, mendigos y prostitutas.
Un submundo que, dirá el propio Mandrake en uno de los episodios, puede llegar a ser más genuino que el otro. Y agregaría el escritor Rubem Fonseca en sus entrevistas: "El es un gran desencantado de la vida, un pesimista sin remedio, un ciudadano que, pese despreciar el poder de los poderosos, se ha acostumbrado a trabajar para ellos.
Desde su punto de vista, los golpes dados por prostitutas, traficantes de poca monta y detectives de quinta categoría no son peores que aquellos ejecutados cotidianamente por los banqueros, los políticos y los hombres de negocio. Esto no significa, sin embargo, que Mandrake deje de cumplir con sus obligaciones. El cobra caro por ello, resolviendo las situaciones con discreción, sin involucrar a la policía y sin usar la violencia... aunque no lo crean sólo utiliza su inteligencia y oratoria".
Pero no estará solo. A Mandrake lo acompañan en su periplo por la urbe carioca dos mujeres. La primera lleva el nombre de Berta Bronstein (María Luisa Mendonca), una mujer madura y sofisticada, fanática del yoga, ágil jugadora de ajedrez, que a decir verdad es el gran amor del detective. Y Bebel (Erika Mader), una chica de escasos 18 años, de belleza ligeramente infantil, que le hará la vida imposible.
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