La Balacera. Agencia de Noticias Negras

domingo, 11 de diciembre de 2005

Premio de los lectores de Negra y Criminal

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Ya hace meses que deberíamos haber mandado este correo para presentaros al feliz ganador del Premio de los Lectores de Negra y Criminal que convocamos antes del verano y que ganó Henning Mankell con Cortafuegos, el libro más votado por los lectores. De entre los lectores que lo eligieron, y tras que Marco Vichi ( el creador del Comisario Bordelli ) metiera la mano a la bolsa de los finalistas, sorteo, al que muchos asististeis, salió elegido Pepe Gálvez residente en el puente aereo Madrid -Barcelona. La foto muestra el día en el que hicimos entrega al agraciado del premio consistente en una camiseta que sólo tendrán el lector premiado y el autor premiado.

La camiseta del autor fue entregada por delegación a los editores principales de su obra, Tusquets, para que se lo hicieran llegar a las frías tierras suecas o a las cálidas mozambiqueñas.

A continuación, también podrán leer un texto de la librera criminal dedicado al autor premiado.

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FIN DE SEMANA EN ESCANIA POR 20 EUROS


Antes de conocer al Kurt Wallander de Henning Mankell, para mi, Escania o Scania, era la marca de un camión. Los Scania se fabrican en Malmö.

Escania, en el sur de Suecia, es para muchos (y especialmente muchas) un paisaje conocido que aparece en los libros de Mankel como un personaje más.

¿Por qué, todas las lectoras de más de 40 que pasan por la librería, tras encuesta pertinente, dicen que pondrían un Wallander en su vida?

Quizás, el detective sueco, gusta más a las lectoras que a los lectores porque Wallander es la definición misma del antihéroe.

Un policía blando que no duro. Un hombre solo, perdido y desasosegado. Además, quien no tiene a estas alturas, al igual que Kurt, niveles altos de glucosa, azúcar en la orina, tensión alta o las transaminasas por las nubes

¿Quién no querría tener de amigo (que no de pareja) a este hombre despistado, insomne, con algo de sobrepeso, padre e hijo culpabilizado, cuya vida personal es un auténtico desastre?

Por suerte, el detective sueco es un profesional meticuloso aunque no le guste hablar en público o que continuamente se plantee dejar su trabajo. No tiene sentido del humor, no es ocurrente, ni siquiera sarcástico. No es simpático aunque sí educado.

El querido Kurt, como policía es algo patoso,comete errores, siempre anda cansado y falto de sueño. En momentos cruciales suele faltarle una libreta o un papel para apuntar una matrícula, o las declaraciones de los testigos.

Es a veces un poco lento, nada intuitivo ni deductivo, tarda más de lo habitual en establecer conexiones que al lector le pueden parecer evidentes. Pero es un policía experto que sabe que para resolver los crímenes debe averiguar también qué está cambiando en la sociedad sueca. Reservado, divorciado, enamoradizo, olvidadizo, que se enferma tan a menudo, que bebe bien pero come tan mal.

Pese a tantas cosas, o por ellas, las mujeres le quieren.

Y ahí viene la pregunta ¿las lectoras mankelianas podrán amar a la hija, la que se supone será continuadora de la saga, como han amado al padre?

Yo, lo dudo. No quiero cerrarme en banda pero me cuesta imaginarme a un Wallander jubilado, pintando los urogallos que su padre dejó inacabados mientras escucha operas italianas.

Ciertamente, Mankel nos deja huérfanos de personaje.

Y mientras esperamos con cierta reticencia a la hija (no en balde, en muchos casos somos padres o madres), ¿quién es ese Stefan Lindman, el policía de 37 años que sigue las huellas sanguinolentas de unos pasos de baile en El retorno del profesor de baile?

Cuenta la editorial en la solapa del libro que se trata de “...un joven investigador que será colega de Wallander y de quien se enamorará Linda, la hija de éste, en la próxima entrega”.



Dejando aparte la trama del libro, Mankel es un zorro viejo que sabe como “atrapar” a las lectoras huérfanas del sufridor Wallander. Stefan Lindman, desde las primeras páginas, se muestra totalmente angustiado y deprimido. No es para menos, tiene un tumor cancerígeno en la lengua y anda en un si es no es con una polaca en una relación a la que no auguro yo mucho futuro. Pasa frío y toma café y más café…pero sólo hasta aquí llegan las similitudes con nuestro querido detective sueco.

Por el momento, añoramos la Escania de Wallander en una Suecia un poco más al sur, y echamos de menos los fines de semana en aquellos paisajes compartiendo las casi siempre amargas aventuras del policía depresivo y entrañable.

Y en la mano, por ejemplo, un Absolut vodka, para entrar en ambiente. Y todo esto, tan solo por 20 euros.

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