Me siento a la máquina con rabia, porque no sé que otra cosa hacer. Porque cuando llueve mierda, cuando te quieren meter a la cárcel por razones políticas, cuando el mundo se oscurece, cuando se mueren los amigos, eso es lo que hago. Escribo. Eso es lo que sé y lo que soy.
Y trato de que tecla a tecla se desvanezca este furor, esta rabia que me domina. Y fumo y lloro por la desaparición de mi amigo Justo Vasco, mi compañero, mi camarada, que acaba de fallecer.
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La Jornada